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Con la Iglesia hemos topado (partes primera y segunda)
Con la Iglesia hemos topado (primera parte)
Manuel Castro Zotano
General retiado
Su Santidad el Papa ha conseguido con su discurso en el Parlamento que todos los grupos políticos presentes le dedicaran una ovación tan prolongada como no se recordaba desde las primeras Cortes de la democracia. Hubo, claro está, dos excepciones, la del los partidos políticos BNG y Podemos que no asistieron al acto coherentes con su laicismo y falta de educación cívica y la de los dos diputados de Vox, que si asistieron pero no aplaudieron, quizás por su permanente enfado contra el mundo.
En general, todos los grupos políticos se mostraron satisfechos con las palabras del Papa. El Gobierno, por su parte, se aferró a la egregia visita como a un clavo ardiendo para hacer olvidar, aunque sea momentáneamente, sus casos generalizados de presunta corrupción. Se despellejaron las manos batiendo palmas cuando el Papa habló de asuntos relativos a la doctrina social de la Iglesia que podían tener algún punto de contacto con su ideología (p.e. en la acogida e integración de emigrantes), pero miraron para otro lado, callando como meretrices, cuando el tema era descaradamente contrario (caso del aborto o la eutanasia). La oposición de derechas (?), el PP, mantuvo una postura de afinidad con el discurso, desde la A a la Z, como dijo el presidente de este partido, aunque el Gobierno se encargó de resaltarle sus contradicciones ideológicas con el Papa en materias como la emigración. Los dos o tres liberales que aun deben de quedar en el Parlamento también aplaudieron con fruición pese a que vienen quejándose en la prensa que aún les publica que la posición del Vaticano desde Francisco mas que “doctrina social” de la iglesia es “doctrina socialista”. El partido independentista catalán Junts per Catalunya, que no pierde ocasión de hacer el ridículo identitario, protagonizó las dos estupideces de la jornada cuando su portavoz en el Congreso aprovechó un saludo protocolario para dirigirse al Pontífice en inglés recriminándole que utilizara tan poco el catalán en sus discursos. Como los tontos siempre van en racimos, otro representante de su formación, el portavoz en el Senado Eduard Pujol, le trasladó el mismo mensaje de queja, pero en aquella ocasión en italiano. Asómbrense, los diputados de Bildu, tan humanitarios ellos, mostraron una sonrisa beatífica cuando SS hacía referencia a la dignidad intrínseca del ser humano. El PNV, estuvo con el Papa en los actos institucionales y se mostró de acuerdo con el contenido del discurso. Otro chasco, el Sr. Rufián, portavoz de ERC (no sé si todavía en activo), que hace yoga postural para encontrar una cámara, aplaudió y elogió lo dicho por el Papa.
Lo que no deja de extrañar es que, no solo en este discurso, sino en todos los que Su Santidad ha pronunciado durante esta visita, los grupos políticos de izquierda cuya ideología es contraria a la religión (se autoproclaman ateos o anticlericales y políticamente laicos) han conseguido, como siempre, ganarle el relato moral a la derecha meapilas en el tema de la emigración. ¿Acaso, la Iglesia tiene un relato más parecido al de los impíos en materias sociales? A esta pregunta voy a tratar de dar respuesta. En principio, considero que todo parte de la confusión existente entre el discurso religioso y el político.
El discurso religioso se basa, fundamentalmente, en las creencias, las prácticas espirituales y determinado propósito de vida. Por medio de la fe se cree en un ser supremo que tiene un proyecto de eternidad para el ser humano, dando respuesta a las grandes preguntas sobre su destino. Implica aceptar como verdades realidades que no se pueden comprobar empíricamente pero que son inmutables por la infalibilidad de la fuente. A través del esoterismo de los actos litúrgicos los fieles se ponen en contacto espiritual con Dios. El propósito de vida para el católico, por ejemplo, se resume en la respuesta que dio Jesucristo a la pregunta que le formuló el fariseo sobre cuál era el principal mandamiento: “amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:37-39).
En cambio, el discurso político pertenece al mundo de las ideas. Su finalidad es alcanzar el bien común que, aunque único, presenta rasgos distintivos que generan variadas ideologías políticas. La verdad política no es inmutable, sino negociable.
¿Qué ocurre cuando ambos discursos se confunden? Demos voz al filosofo socialdemócrata y agnóstico, Habermas: “las autoridades religiosas tienen que traducir los argumentos morales a un lenguaje secular accesible a todos; por otra parte, la flexibilidad del concepto de verdad en política choca frontalmente con los dogmas religiosos inflexibles”. Como por mucho que se estire el lenguaje las verdades morales son inmutables y las verdades políticas cambiantes según los consensos, ambos discursos son incompatibles.
¿De dónde viene esta confusión entre ambos discursos?: desde que la Iglesia Católica con el advenimiento de la secularización perdió y trató de recuperar su influencia en lo político (las Instituciones y las leyes del Estado), lo económico (para subsistir como organización mundial pese a la expropiación de sus bienes), en lo cultural (compatibilizando el conocimiento científico con la revelación) e, incluso en lo personal (evitando la pérdida de fieles subyugados por el modernismo y unas leyes más permisivas que las derivadas de principios religiosos).
Todo lo anterior, empezó a ocurrir con la caída del Antiguo Régimen (finales del XVIII) y se fue acrecentando con la llegada de la revolución liberal, los nacionalismos, los movimientos obreros, las dos guerras mundiales y finalmente, en la actualidad con las nuevas doctrinas sociales tan disolventes como el progresismo de corte marxista o el de la cancelación woke.
¿Cómo se enfrentó la Iglesia Católica a estos retos? Responderemos en el próximo artículo.
09/07/2026